domingo, marzo 01, 2015

risa siempre, nunca llanto



Canción

¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera
la primavera!
(Yo, muriendo.)

Y de qué modo sutil
me derramó en la camisa
todas las flores de abril.

¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
(No soy tanto.)

En cambio, ¡qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!

¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera
la primavera!
(Yo, muriendo.)

Nicolás Guillén, Camagüey, 1902- Havana, 1989
imagen de Christine E. Alfery en Christine Alfery Fine Art




sábado, febrero 28, 2015

fue tu única y desleal competidora



***
A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo...

A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo
       tierra rumbo al infierno o la estrella de chatarra que te
       lleva frente a otro muro lleno de espejos y de gestos,
       endiablados gestos sin dueño y tú tras ellos, solo, feliz
       propietario de una boca escarlata que muge.
Pega el oído a la tierra que insiste en levantarse y respirar.
Acaríciala como si fuera carne, piel humana capaz de
       conmoverte, capaz de rechazarte.
Acepta la espera que no siempre hay lugar en el caos.
Acepta la puerta cerrada, el muro cada vez más alto, el
       saltito, la imagen que te saca la lengua.
No te trepes sobre los hombros de los fantasmas que es
       ridículo caerse de trasero with music in your soul.


***
Curriculum vitae

digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.


Blanca Varela, Lima, 1926-2009
 Antología de la poesía peruana, Fuego Abierto, Selección y prólogo: Carmen Ollé, Editorial Lom, Santiago, 2008
imagen: Blanca Varela s/d

 




viernes, febrero 27, 2015

y muy otra sale




Nomás la noche

Nomás la noche, nomás la noche... y sí,
nomás la noche como un bordón de voces repicando
aquí y allá, con esa ronquera tan agria:
"¡Hay que traer ganado hay que traer
aunque se pierda el alma!", así gritaban, ¿entiende?

Y bien, y qué... porque estamos idos, ¿no?
Qué ironía: cuando fue mi viejo el que dijera:
"Vealó, vealó que el nubarrón se abre"... Y entonces
ese salir deseando un cielo para después del diluvio
y recién ahora reconocer el daño... no hay derecho.

Y más tarde, eso que le contaba, los perros
como lobos con las fauces abiertas, y mi potro
embretado entre cercos, en medio de las tipas
y las tunas, en puros zanjones de osamenta.
Pucha si lo estoy viendo, chapaleando sangre.

No le digo. No hay caso con este suelo. Qué difícil
para un animal buscar destino. Se quiere una cosa
y muy otra sale... "¡Que es pintor, que es pintor!"
vociferaba un taita como si fuera una sombra. Y más luego:
"¡Metele arte, gordo, que ahí está tu fortuna!"

No, si para estas congojas yo parezco mandado.
Y "¡Vamos, negro!", insistía. Y a otro: "¡Cincha, Machaco,
cinchale de una vez por encima del hombro
que parece hombre, pero lleva un demonio
en la cara!" (Por mi barba lo gritaba, ¿sabe?)

Y la mandíbula crujiendo de abajo arriba,
y ese revoleo de golpes, como una rima de brutos,
cantando: "¡Música, música firme, guitarra...
hay que templar la cuerda hasta hacerle la obra!"
Y uno queriendo una compasión que no había.

Así es la noche, amigo. Cada estrella un puño
vibrando su soledad más central. No, si lo había soñado,
que la barbarie no tiene redención en la brutalidad.
Si es como una violencia sorda, omnipresente.
Qué país el nuestro, vecino, una poesía violenta era...

                                                                   para Guido L. Croxatto


Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948-2011
de La verdad se mueve
 en Javier Adúriz, Poesía Completa, Ediciones del Dock, Pez Náufrago, Buenos Aires, 2014
imagen de Night Wanderers, en Night Wanderers-Fubiz Net

jueves, febrero 26, 2015

me estoy hablando



***

Qué creen que digo
los que piensan que todavía ensueño
y no saben que sólo me estoy hablando
a lo sumo converso
con los que llevo adentro
del lado del nublado
gentes de cuerpo enteco
como don Pastor Jaime
tan de piedra estremecida
su alma
tiento de catre recordatorio
de la mujer abrazada
hasta el después saciado en quebranto

qué creen que este hombre dice
de espaldas al río que aquí
no es de agua
sino oscuro aluvión de cerros

qué espantos pasan por sus ojos
agachados
para que no los toque la memoria
y la herida del mundo se descargue
mientras sigue don Pastor cantando
su pena limpia
en este carnaval de pueblo
lloviznado de un lento morirse lento.

Celia Clara Fischer, Buenos Aires, 1943
Inédito

imagen de Wassili  Kandinsky, Improvisación N° 19, en Life Art Group

miércoles, febrero 25, 2015

toda herida que se olvida



Madre e hijas


Otoño se imagina niebla en el jardín de suculentas
diluvio tropical un cielo seco y frío se sueña
y madre exalta ese pequeño y delicado asunto
de tejer enlazar a veces recto y otras curvo
mientras dice qué barato es tejer
qué barato es hablar de un viento.

Nacidas y criadas en las pausas del desierto
evitamos llorar -ni por todos los muertos-
será que no aprendimos
palabras que dicen penas.

Quiero mi té de burro reclama una
y la otra qué delicia, voy llevar dos gajos
hinojo, palomilla y ruda para la angustia
y hasta esa ira en la violeta africana
encuentra cura.

Un ramito en el corpiño de hierba santa
una agüita tibia mentolada trae sosiego
toda herida que se olvida al fin te salva
y eso las cuatro lo sabemos.

Es cierto, hay plantas sabias pero hay otras
que no te dejan mentir aunque quisieras
y te deforman el pie y el alma
si para no llorar te estás riendo.

Mercedes Araujo, Mendoza, 1972. Vive en Buenos Aires
imagen de Katie M. Berggren en Archival Print

martes, febrero 24, 2015

del candil y la pena




Poema de la soleá
a Jorge Zalamea
Tierra seca
Tierra seca,
tierra quieta
de noches
inmensas.
(Viento en el olivar,
viento en la sierra).
Tierra
vieja
del candil
y la pena.
Tierra
de las hondas cisternas.
Tierra
de la muerte sin ojos
y las flechas.
(Viento por los caminos.
Brisa en las alamedas).


Federico García Lorca,  Fuente Vaqueros, 1898- Alfacar, 1936
imagen de Mike Rayner 'The Age', en Alerta tierra



lunes, febrero 23, 2015

un acto tan cruel



Cotidiano

De a poco, de a poco ordeno y
cumplo tareas mínimas;
tan de a poco voy y tanto me enorgullezco
que miro el escobillón y es un ente notable,
sublime junto a mí arrastrando basura,
el uno junto al otro esforzándose
tanto, y dejarlo a un lado o tras la puerta
es un acto tan cruel
como el haber barrido todo y descansar.

Irene Gruss, Buenos Aires, 1950
Inédito
imagen de Justin Webb, en Saatchi Art 

domingo, febrero 22, 2015

con Mamá por todos lados



Un temblor

Un temblor
que la escala de Richter
no registra: no fui
al  funeral de mi hermano,
nunca volveré a hacerlo.
Seguro recordaba
tanto a su madre
como un caballo de ocho años,
dice Shakespeare de alguien,
creo que en Coriolano.
Si no, tal vez
no hubiera hecho mutis
dejándome hija única tardíamente
aquí sentada y con Mamá
por todos lados.


Mirta Rosenberg, Rosario, Santa Fe, 1951
de El paisaje interior, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2012
imagen en Becuo, Royalty Free

sábado, febrero 21, 2015

todo pasa



Única sabiduría

Lo único que sabemos
es lo que nos sorprende:
que todo pasa, como
si no hubiera pasado.


Silvina Ocampo, Buenos Aires, 1903-1993
imagen de Pamela Hardman en Open Studios 2014

viernes, febrero 20, 2015

nada se caiga de ellas



No tengas nada en las manos

No tengas nada en las manos
ni una memoria en el alma,
que -cuando un día tus manos
pongan el óbolo último,
cuando las manos te abran-,
nada se te caiga de ellas.
¿Qué trono te quieren dar
que Átropos no te lo quite?
¿Qué laurel que no se mustie
en los arbitrios de Minos?
¿Qué horas que no te conviertan
en la estatua de sombra?
¿Que serás cuando, de noche,
estés al fin del camino?
Coge las flores, mas déjalas luego
caer, apenas miradas.
Al sol siéntate. Y abdica
para ser el rey de ti mismo.


* Ricardo Reis

Fernando Pessoa, Lisboa, 1888- 1935
versión de Ángel Crespo
imagen de Trine Meyer Vogsland en Daily Painters.Com

Não tenhas nada nas mãos

Não tenhas nada nas mãos
Nem uma memória na alma,
Que quando te puserem
Nas mãos o óbolo último,
Ao abrirem-te as mãos
Nada te cairá.
Que trono te querem dar
Que Átropos to não tire?
Que louros que não fanem
Nos arbítrios de Minos?
Que horas que te não tornem
Da estatura da sombra
Que serás quando fores
Na noite e ao fim da estrada.
Colhe as flores mas larga-as,
Das mãos mal as olhaste.
Senta-te ao sol. Abdica
E sê rei de ti próprio.


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